“—Cuando yo uso una palabra —dijo (Humpty Dumpty) en un tono bastante desdeñoso— significa lo que yo decido que signifique, ni más ni menos.

—La cuestión es —dijo Alicia— si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes…

—La cuestión es —dijo Humpty Dumpty— saber quién es el amo, eso es todo.”

Lewis Carrol, Alicia a través del espejo.

viernes, 13 de abril de 2018

Conectores

Para empezar a escribir nformes y ensayos literarios, es imprescindible tener a mano los conectores, que son expresiones que establecen relaciones léxico-gramaticales entre conceptos, hechos, argumentos o ideas y se utilizan para guiar al lector en la interpretación del texto.
Los conectores pueden ser:
Aditivos: Agregan información: y, además, también, incluso, inclusive,...
Temporales: Expresan anterioridad: antes, ayer, el día anterior, en 1984,... Simultaneidad: mientras que, en tanto que, al tiempo que, entonces, al mismo tiempo que, en el momento en que,..., y posterioridad: después, mañana, al día siguiente, posteriormente,...
Ejemplificación: por ejemplo, es decir, como,...
Enumeración/ ordenación: en primer lugar, en segundo término, finalmente, por último, por un lado, por el otro,...
Generalización: en general, generalmente, usualmente,...
Oposición o refutación: Expresan una adversación con respecto a lo anterior: pero, sin embargo, no obstante, en lugar de, sino, en cambio, muy al contrario, por el contrario,...
Causa: porque, ya que, debido a que,...
Consecuencia: por lo tanto, debido a esto, de modo que, en consecuencia, por tal motivo, así que,...
Conclusión: en síntesis, en conclusión, por lo tanto, entonces,...
Condición: si, en tanto que, ...
Restricción y negociación: Expone las imágenes acerca de las ideas que se quieren refutar; concede en un mínimo aspecto para refutar después. Ej: si bien, aunque, aun cuando, a menos que, a pesar de que, ...
Reafirmación y énfasis: en efecto, de hecho, en realidad, efectivamente, ...
Conviene tenerlos presentes para la escritura de informes y ensayos que haremos en clase. 

lunes, 9 de abril de 2018

Consignas para la realización del informe de lectura


El informe de lectura es un género discursivo académico que consiste en producir un nuevo texto que surge del proceso de lectura y es independiente de las fuentes utilizadas. Puede hacerse a partir de fragmentos de una obra, de una obra completa o de varios textos que presentan relaciones temáticas o discursivas. Se presenta a través de una voz objetiva. No es un resumen, sino un texto que, a partir de una pregunta, da cuenta de la estructura de las fuentes, ofrece brevemente el contexto de las obras y de sus autores, analiza los temas centrales y puede proponer una valoración o juicio acerca de la significatividad de lo leído.
A partir de lo anterior y de las presentaciones orales realizadas en clase, escribir un informe de lo leído/ escuchado de alrededor de 800 palabras, teniendo en cuenta lo siguiente:
1.       El material a trabajar será el corpus de fragmentos literarios trabajados en clases anteriores.
2.       La pregunta que servirá de guía para el trabajo será: ¿Qué son y cómo aparecen en los textos propuestos los siguientes conceptos teóricos: identidad, doble, desdoblamiento, ajenidad y otredad?
3.       Deben trabajar con al menos dos textos, de cada uno de los cinco apartados trabajados en clase.
Pasos a seguir:
1.       Releer las definiciones de los conceptos teóricos, los textos analizados por cada uno de los equipos en sus presentaciones orales y tener a mano los apuntes tomados por ustedes en clase. Completar con la información acerca de los autores trabajados.
2.       Teniendo en cuenta la pregunta, empezar el “torbellino de ideas”, que consiste en ir anotando sin necesidad de un orden o estructura todo lo que sea útil, según el objetivo de lectura y escritura.
3.       Organizar por subtemas (los subtemas pueden ser cada uno de los conceptos teóricos). En esta etapa, debe quedar claro cómo organizaré las ideas, qué citas textuales tomaré para probarlas, qué no puede faltar en la futura escritura.
4.       Comenzar a escribir, teniendo en cuenta la estructura introducción, desarrollo y conclusión o cierre:
Introducción: se introduce el objetivo del texto y el tema central, la justificación de la lectura y del informe y una breve presentación de los ejes de análisis.
Desarrollo o cuerpo: análisis propiamente dicho a partir de la pregunta realizada a los textos.
Conclusión o síntesis: Sintetizar la información, y evaluar la experiencia, explicitando lo aprendido (incluidas las incertidumbres) y lo que todavía falta por resolver.
Bibliografía: Acá incluirán por orden alfabético la lista de referencias bibliográficas utilizadas siguiendo la convención:
APELLIDO DEL AUTOR, Nombre del autor (año de edición). “Título del cuento o poema” o Título del libro o publicación. Ciudad de edición: Nombre editorial.
Ejemplos:
WILDE, Oscar (2004). El retrato de Dorian Gray. Buenos Aires: Anaya.
BORGES, Jorge Luis (1975). “Al espejo”. En su La rosa profunda. Buenos Aires: Emecé.
5.       Usar el estilo académico correspondiente:
a)       Escribir en tercera persona y en presente universal.
b)      Usar un lenguaje preciso y conciso: cuantas menos palabras utilizo para transmitir una idea, más claramente la comunico.
c)       La correcta división en párrafos.
d)      Uso de conectores para relacionar las ideas.
e)       Control del debido uso de la ortografía y la puntuación.
6.       El informe debe entregarse procesado en computadora:
a)       Fuente clásica (Arial, Time New Roman, etc), N° 12
b)      Sangría y doble espacio entre renglones.
c)       Texto justificado.
d)      Notas al pie cuando corresponda, por ejemplo, para referenciar las citas utilizadas en el cuerpo del trabajo. Ver ejemplo[1]
e)       La presentación del trabajo: carátula donde conste título del trabajo, nombre y apellido del alumno, materia y colegio. Luego el trabajo (sin subtítulos estructurales, es decir, sin títulos de introducción, desarrollo y conclusión) y, en hoja aparte, al final, con título Bibliografía, las referencias bibliográficas.


[1] BORGES, Jorge Luis (1975)

Textos a trabajar en el informe de lectura


En esta entrada encontrarán los textos analizados en clase, que deberán usar para la producción del informe de lectura.

Equipo 1
LA OTREDAD: LO ABSOLUTAMENTE DIFERENTE DE MÍ

Diario de Colón. Libro de la primera navegación: Jueves, 11 de octubre (12-10-42)

Puestos en tierra vieron árboles muy verdes, y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda la armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio como él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha Isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se juntó allí mucha gente de la Isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias: "Yo (dice él), porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a Nuestra Santa Fe con Amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que tuvieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos a donde nos estábamos, nadando. Y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de 30 años. Muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras. Los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballos, y cortos. Los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que fallan. Y dellos se pintan las caras, y dellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos solo la nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro. Sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pece, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos, y les hize señas que era aquello, y ellos me mostraron como allí venían gente de otras islas que estaban cerca y los querían tomar y se defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestra Alteza para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos en esta Isla." Todas son palabras del Almirante.

El planeta de la aventura I
“A un lado del Explorador IV llameaba una débil estrella vieja, Carina 4269; al otro flotaba un solo planeta, gris marrón bajo el denso manto de una atmósfera. La estrella se distinguía solamente por una curiosa tonalidad ambarina en su luz. El planeta era algo mayor que la Tierra, rodeado por un par de pequeñas lunas de rápidas órbitas. Una estrella K2 casi típica, un planeta sin nada digno de mencionar pero para los hombres a bordo de la Explorador IV el sistema era una fuente de maravilla y fascinación.
En el puesto delantero de control estaban el comandante Marin, el oficial en jefe Deale y el segundo oficial Walgrave: tres hombres de apariencia similar, alertas, rápidos de movimientos, llevando el mismo tipo de pulcro uniforme blanco, y tan habituados a la compañía los unos de los otros que su despreocupada forma de hablar, la forma entre sarcástica y jocosa con que expresaban sus pensamientos, era casi idéntica. Escrutaban el planeta con sus sondascopios, binoculares de alta resolución capaces de ofrecer una ampliación enorme.
—A primera vista, un planeta habitable —comentó Walgrave—. Esas nubes son a buen seguro vapor de agua.
—Si un mundo emite señales —dijo el oficial jefe Deale—, suponemos casi automáticamente que está habitado. La habitabilidad es una consecuencia natural de la habitación.
El comandante Marin rió secamente.
—Tu lógica, normalmente irrefutable, tiene un fallo. En la actualidad nos hallamos a doscientos doce años luz de la Tierra. Recibimos las señales a doce años luz de distancia; en consecuencia, fueron radiadas hace doscientos años. Si lo recuerdas, se interrumpieron bruscamente. Puede que este mundo sea habitable; puede que esté habitado; puede que concurran las dos circunstancias. Pero no necesariamente.
(…)
Bip bip, hizo el comunicador.
—¡Hable! —indicó el comandante Marin.
La voz de Dant, el ingeniero de comunicaciones, llenó la cabina.
—Estoy captando un campo fluctuante; creo que es artificial, pero no puedo sintonizarlo. Tal vez sea alguna especie de radar.
Marin frunció el ceño, se frotó la nariz con un nudillo.
—Enviaré los exploradores, luego retrocederemos fuera de alcance.
Marin pronunció una palabra código, dio órdenes a los exploradores Adam Reith y Paul Waunder.
—Tan rápido como sea posible; parece que hemos sido detectados. Cita en el eje del sistema, arriba, punto D, como en Deneb.
—Correcto, señor. Eje del sistema, arriba, punto D como en Deneb. Dénos tres minutos.
El comandante Marin se dirigió al macroscopio y empezó una ansiosa búsqueda por la superficie del planeta, cambiando a una docena de longitudes de onda.
—Hay una franja de perturbación a unos 3000 angstroms, nada importante. Los exploradores tendrán que hacer todo el trabajo por sí mismos.
—Me alegra no haber recibido nunca entrenamiento de explorador —observó el segundo oficial Walgrave—. De otro modo, también hubiera podido ser enviado a la superficie de extraños y con toda posibilidad horribles planetas.
—Un explorador no es entrenado —dijo Deale—. Existe: medio acróbata, medio científico loco, medio escalador nocturno, medio…
—Hay varios medios de más.
—Apenas bastan. Un explorador es un hombre al que le gusta el cambio.

Los exploradores a bordo de la Explorador IV eran Adam Reith y Paul Waunder. Ambos eran hombres de valor y de recursos. Cada uno dominaba varias habilidades; aquí terminaba su parecido. (…) Waunder tenía uno o dos años más que su compañero; Reith, sin embargo, era superior en grado, y estaba al mando nominal de la lanzadera de exploración: una nave en miniatura de diez metros de largo que viajaba sujeta bajo la popa de la Explorador.
En menos de dos minutos estaban a bordo de la lanzadera. Waunder se dirigió a los controles; Reith selló la escotilla, pulsó el botón de desamarraje. La lanzadera se apartó del enorme casco negro. Reith ocupó su asiento, y mientras efectuaba esa acción captó un destello de movimiento en el límite de su ángulo visual. Divisó un proyectil gris surgiendo del planeta, luego sus ojos fueron cegados por un enorme resplandor blanco- púrpura. Hubo una tremenda sacudida y un crujido, y una violenta aceleración cuando Waunder accionó convulsivamente la palanca de aceleración, y la lanzadera partió en una curva descendente hacia el planeta.
Allá donde había estado la Explorador derivaba ahora un curioso objeto: el morro y la popa de una nave espacial, unidos por algunos restos metálicos, con un enorme vacío en medio a través del cual brillaba el viejo sol amarillo de Carina 4269. Junto con la tripulación y los técnicos, el comandante Marin, el oficial jefe Deale y el segundo oficial Walgrave no eran más que flotantes átomos de carbono, oxígeno e hidrógeno, con sus personalidades, tics de comportamiento y socarrona jovialidad convertidos en meros recuerdos.
VANCE, Jack: El planeta de la aventura I, Barcelona, Ultramar, 1986.

Actividades
1. La otredad
Realizar una presentación en PowerPoint de alrededor de cinco minutos para explicar a sus compañeros las conclusiones a las que llegaron, teniendo en cuenta las siguientes consignas:

  1. ¿En qué se parecen y en qué se diferencian los fragmentos leídos? (género, tema, estilo, épocas, etc.). Resuma brevemente las narraciones (En las diapositivas: secuencia narrativa mientras alguno/a relata los hechos)
  2. ¿Qué es lo otro en cada caso y cómo se manifiesta en el lenguaje? ¿Qué actitud asumen los “aventureros” frente al otro mundo?
  3. ¿Qué hace que un mundo se imponga sobre el otro? ¿Por qué?
  4. ¿Qué otros ejemplos conocen de “encuentro” con otros mundos que sean absolutamente desconocidos? (películas, historia, literatura, etc.) (Pueden interpelar al grupo antes de presentar sus propuestas)

Equipo 2
EL DESDOBLAMIENTO: LA BÚSQUEDA DEL PAR

El mito del andrógino (fragm.)
Le toca hablar a Aristófanes sobre la esencia del amor:
En primer lugar, tres eran los sexos de los hombres, no dos como ahora, masculino y femenino, sino que había además un tercero que era común a esos dos, del cual perdura aún el nombre, aunque él mismo haya desaparecido. El andrógino (…) tenía cuatro brazos e igual número de piernas que de brazos, y dos rostros sobre un cuello circular, iguales en todo; y una cabeza, una sola, sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, y también cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo lo demás según puede uno imaginarse de acuerdo con lo descrito hasta aquí. (…)
Eran tres los sexos y de tales características por la siguiente razón: lo masculino era en un principio descendiente del sol, lo femenino de la tierra, y lo que participaba de ambos, de la luna porque también la luna participa de lo uno y de lo otro. Y precisamente eran circulares ellos mismos y su manera de avanzar por ser semejantes a sus progenitores. Eran, pues, terribles por su fuerza y su vigor y tenían gran arrogancia, hasta el punto de que atentaron contra los dioses. (…) Entonces Zeus y los demás dioses deliberaron lo que debían hacer con ellos y se encontraron ante un dilema, ya que ni podían matarlos ni hacer desaparecer su raza, fulminándolos con el rayo como a los gigantes –porque entonces desaparecerían los honores y sacrificios que los hombres les tributaban-, ni permitir que siguieran siendo altaneros. Tras mucho pensarlo, Zeus tuvo una idea y dijo: "Me parece que tengo una estratagema para que continúe habiendo hombres y dejen de ser insolentes, al hacerse más débiles. Ahora mismo, voy a cortarlos en dos a cada uno, y así serán al mismo tiempo más débiles y más útiles para nosotros, al haber aumentado su número. (…)
Así pues, una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos a su mitad, y se reunía con ella, se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola naturaleza, y morían por hambre y por su absoluta inactividad, al no querer hacer nada los unos separados de los otros. Y cada vez que moría una de las mitades y sobrevivía la otra, la que sobrevivía buscaba otra y se abrazaba a ella, ya se tropezara con la mitad de una mujer entera -lo que precisamente llamamos ahora mujer-, ya con la mitad de un hombre; y de esta manera perecían.
Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de unos a otros, innato en los hombres y aglutinador de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo individuo de dos y de curar la naturaleza humana. Cada uno de nosotros es, por tanto, una mitad de hombre, al haber quedado seccionados en dos de uno que éramos. Por eso busca continuamente cada uno su propia mitad. En consecuencia, cuantos hombres son sección del ser común que en aquel tiempo se llamaba andrógino, son aficionados a las mujeres, y la mayoría de los adúlteros proceden de este sexo; y, a su vez, cuantas mujeres son aficionadas a los hombres y adúlteras proceden también de este sexo. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que se interesan más bien por las mujeres, y las lesbianas proceden de este sexo. En cambio, cuantos son sección de varón, persiguen a los varones, y, mientras son niños, como son rodajitas de varón, aman a los hombres y disfrutan estando acostados y abrazados con los hombres, y son éstos los mejores de los niños y muchachos, por ser los más viriles por naturaleza. Hay quienes, en cambio, afirman que son unos desvergonzados, pero se equivocan, pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y virilidad, porque desean abrazarse a lo que es semejante a ellos. Y una clarísima prueba de ello es que, cuando llegan a su completo desarrollo, los de tal naturaleza son los únicos que resultan viriles en los asuntos políticos. Y cuando se hacen hombres, aman a los muchachos y no se preocupan del matrimonio ni de la procreación de hijos por inclinación natural, sino obligados por la ley, pues les basta pasarse la vida unos con otros sin casarse. En consecuencia, la persona de tal naturaleza sin duda se hace amante de los muchachos y amigo de su amante, ya que siempre siente predilección por lo que le es connatural.
Así pues, cuando se tropiezan con aquella verdadera mitad de sí mismos, tanto el amante de los muchachos como cualquier otro, entonces sienten un maravilloso impacto de amistad, de afinidad y de amor, de manera que no están dispuestos, por así decirlo, a separarse unos de otros ni siquiera un instante. (…). Por eso,(…) claro está, yo me estoy refiriendo a todos, hombres y mujeres, cuando digo que nuestra raza sólo podría llegar a ser feliz si lleváramos a su culminación el amor y cada uno encontrara a su propio amado, retornando a su antigua naturaleza. Y si esto es lo mejor, forzosamente, en las circunstancias actuales, lo mejor ha de ser lo que esté más cerca de ese ideal, esto es, encontrar un amado cuya naturaleza corresponda a nuestra índole.
* PLATÓN: El banquete (189 c2 a 193 e1), Madrid, Alianza, 1989

Diario de Adán y Eva (fragm.)
Después de la caída (Diario de Eva) 1909
Cuando miro hacia atrás, el Edén es un sueño para mí. Era hermoso, sorprendentemente hermoso, mágicamente hermoso pero ahora está perdido y no volveré a verlo nunca más.
El Edén está perdido, pero lo encontré a él y estoy contenta. Él me ama tan bien como puede; yo lo amo con toda la fuerza de mi naturaleza apasionada, y esto, creo yo, es propio de mi juventud y de mi sexo. Si me pregunto por qué lo amo, me doy cuenta de que no lo sé, y realmente no me importa demasiado saberlo; así supongo que esta clase de amor no es producto del razonamiento y de las estadísticas, como el amor que uno le tiene a los otros reptiles y animales. (…)
¿Por qué lo amo? Simplemente porque es masculino, creo yo. Él es bueno en el fondo y lo amo por eso, pero lo amaría si no lo fuera.
Él es fuerte y hermoso, y lo amo por eso, y lo admiro y estoy orgullosa de él, pero lo amaría sin todas esas cualidades. Si fuera tonto, lo amaría; si fuera un fracaso, lo amaría (…)
Cuarenta años después.
Es mi plegaria, es mi anhelo que podamos irnos de esta vida juntos, un anhelo que no perecerá jamás sobre la tierra, sino que vivirá en el corazón de cada esposa amante, hasta el final del tiempo y cada una será llamada por mi nombre.
(…) Esta plegaria también es inmortal y no dejará de ser elevada mientras mi raza continúe. Soy la primera esposa y en la última esposa me repetiré.
Ante la tumba de Eva.
Adán: donde quiera que ella estuviese, allí estaba el paraíso.”
TWAIN, Mark, Diario de Adán y Eva, Corregidor, Buenos Aires, 1999.

19
“cuando vea los ojos
que tengo en los míos tatuados”

PIZARNIK, Alejandra, Árbol de Diana, Buenos Aires, 1962

Actividades:
2. El desdoblamiento o la búsqueda del par


1.       ¿En qué se parecen y en qué se diferencian los fragmentos leídos? (género, culturas, posición frente a la sexualidad- otra, tema, explicación del amor, etc.) Resuma brevemente cada uno de los textos. (En las diapositivas: secuencia narrativa, mientras alguno/a relata los hechos o explica lo que para cada uno significa el poema)
  1. ¿Qué “paraíso” perdido postulan uno y otro texto narrativo? ¿Qué diferentes actitudes asumen los protagonistas frente a su pérdida?
  2. ¿Qué otros mitos o historias (literatura, cine, series, cómics, etc.) conocen sobre una entidad que se desdobla? (Pueden interpelar a sus compañeros antes de pasar a mostrar los textos conocidos por ustedes)
  3. ¿Cómo se relacionan los versos de Alejandra Pizarnik?

Equipo 3.
LA AJENIDAD: CUANDO EL YO SE DESCUBRE SIENDO OTRO
Axolotl (fragm.)
Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. (…) Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez más de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de un axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.
Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.
Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.
ORTÁZAR, Julio, “Axolotl”, Final de juego, Sudamericana, Buenos Aires, 1984

La metamorfosis (fragm.)
Una mañana, Gregor Samsa despertó de un sueño intranquilo y se encontró convertido en un enorme insecto. Yacía sobre sus espaldas, que eran un duro caparazón y, si levantaba un poco la cabeza, veía la convexividad de su abdomen pardo, dividido en segmentos por unas especies de arcos coriáceos. La manta de cama, apenas lograba mantenerse sobre aquella prominencia y parecía a punto de resbalar. Innumerables patas, lastimosamente delgadas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, se agitaban indefensas ante sus ojos.
“¿Qué me ha ocurrido?”, pensó Gregor. No era un sueño. Su habitación —una habitación humana, aunque algo pequeña— se extendía serena entre esas cuatro paredes que le eran tan familiares.
(…)
“Lo mejor que puedo hacer es dormir un poco más y olvidar esta locura”, pensó; pero le resultó imposible llevar a cabo su propósito, porque estaba habituado a dormir sobre el lado derecho, un movimiento de balanceo lo llevaba a quedar siempre de espaldas. Lo intentó cien veces, con los ojos cerrados para no tener que ver aquellas patas que se agitaban, y sólo renunció cuando comenzó a sentir un ligero dolor en el costado; un dolor sordo, que jamás había experimentado.
“¡Ay, Dios! —pensó—. ¡Qué profesión tan sacrificada la que he escogido! Viajar día tras día. Los problemas de trabajo son mucho más graves que los que pueden presentarse en un oficina y, encima de todo, tengo que soportar este martirio de viajar, la preocupación por las combinaciones de tren, la comida irregular y mala, una relación humana siempre cambiante, nunca estable, nunca profunda. ¡Al diablo con todo eso!”
“(…) Pero, por ahora, lo que tengo que hacer es levantarme; mi tren parte a las cinco.”
KAFKA, Franz: La metamorfosis, Buenos Aires, Orión, 1982
  

Actividades.
3. La ajenidad.

Realizar una presentación en PowerPoint de alrededor de cinco minutos, para explicar a sus compañeros las conclusiones a las que llegaron, teniendo en cuenta las siguientes consignas:

  1. ¿Cuál es la actitud de los protagonistas frente al devenir animal? Resuma brevemente ambos fragmentos (En las diapositivas: secuencia narrativa, mientras alguno/a relata los acontecimientos)
  2. ¿Qué diferencias existen en la perspectiva narrativa de uno y otro relato? ¿Por qué en Cortázar la focalización del narrador adquiere particular importancia? (¿De qué manera se produce el pasaje del “yo” al “él”?)
  3. ¿Cómo se manifiesta la “ajenidad” en estos textos, es decir, el hecho de descubrirse, de pronto, siendo otro?
  4. ¿Qué otros ejemplos conocen de dobles con animales? (mitos, leyendas, películas, etc.) Pueden interpelar a sus compañeros antes de dar los textos conocidos por ustedes).

Equipo 4.
LA DUPLICACIÓN: EL ESPEJO, LA IMAGEN, EL REFLEJO

El retrato de Dorian Gray
Capítulo X (1891)
Cuando llegó el criado, Dorian le miró fijamente, preguntándole si se le habría ocurrido fisgar detrás del biombo. El mozo permaneció impasible esperando sus órdenes. Dorian encendió un cigarrillo, dirigióse a un espejo y se contempló atentamente. En él podía ver reflejarse con toda claridad la cara de Víctor. Era como una plácida careta de servilismo. Nada había en ella de terrible. Sin embargo, juzgó prudente estar en guardia. (…)
Ahora iba a ocultar algo que también tenía su podredumbre, peor que la misma podredumbre de la muerte… algo que engendraría horrores y, sin embargo, nunca moriría. Lo que el gusano era para el cadáver, serían sus pecados para la imagen pintada sobre el lienzo. Ellos corromperían su belleza y devorarían su gracia. La profanarían, la convertirían en algo inmundo. Y, sin embargo, aquello continuaría viviendo; no moriría nunca.
Tuvo un estremecimiento, y por un instante sintió no haber dicho a Basil la verdadera razón por la que deseaba ocultar el retrato. Basil le habría ayudado a resistir la influencia de Lord Henry, y las influencias, todavía más perniciosas, de su propia naturaleza. En el amor que le tenía —pues realmente era amor— nada había que no fuese noble y espiritual. No era la simple admiración física de la belleza que nace de los sentidos, y se extingue con el cansancio de éstos. Era un amor como lo habían conocido Miguel Angel y Montaigne, y Winckelmann, y Shakespeare. Sí, Basil le habría salvado. Pero ya era demasiado tarde, el pasado podía anularse. El remordimiento, la negación o el olvido podían conseguirlo. Pero el futuro era inevitable. Había en él pasiones que siempre encontrarían su terrible salida, sueños que harían real la sombra de su maldad.
Capítulo XI
… y allí, en pie frente al retrato obra de Basil Hallward, con un espejo en la mano, miraba alternativamente el rostro perverso y envejecido del lienzo y la faz joven y hermosa que le sonreía desde el cristal. La misma violencia del contraste avivaba su deleite. Cada día se sentía más enamorado de su propia belleza, más interesado en la corrupción de su alma. Examinaba con minucioso cuidado, y a veces con una delectación monstruosa y terrible, los surcos odiosos que estigmatizaban la frente contraída o crispaban los labios bestiales, preguntándose cuáles eran más horribles, si las huellas de la edad o las señales del vicio. Colocaba sus manos blancas y tersas junto a las horrendas manos hinchadas del retrato, y sonreía.
Capítulo XIX
De pronto sintió asco de su belleza, y arrojando a tierra el espejo, lo desmenuzó en añicos de cristal y plata bajo sus talones. Su belleza había sido lo que arruinara su vida; su belleza y la juventud implorada. Si no hubiera sido por ambas cosas, su vida se habría visto libre de toda mácula. Su belleza sólo había sido para él una máscara, y su juventud una irrisión.
Capítulo XX
Del mismo modo que matara al pintor, así mataría su obra y todo lo que significaba. ¡Mataría aquella imagen monstruosa del alma, y lejos de sus odiosas advertencias, recobraría el sosiego! Levantando el brazo, armado con el cuchillo, lo descargó sobre el lienzo.
(…)
Al entrar se encontraron, colgado del muro, un soberbio retrato de su amo, tal como le habían visto por última vez, en todo el esplendor de su juventud y belleza. Caído en el suelo, había un hombre muerto, vestido con etiqueta, con un cuchillo clavado en el corazón. Era un hombre caduco, arrugado y de rostro repulsivo hasta que se fijaron las sortijas que llevaba no pudieron identificarle.
WILDE, Oscar: El retrato de Dorian Gray, Anaya, Buenos Aires, 2004
                 
  
  
  Al espejo
Jorge Luis Borges

¿Por qué persistes, incesante espejo?
¿Por qué duplicas, misterioso hermano,
el movimiento de mi mano?
¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?
Eres el otro yo de que habla el griego
y acechas desde siempre. En la tersura
del agua incierta o del cristal que dura
me buscas y es inútil estar ciego.
El hecho de no verte y de saberte
te agrega horror, cosa de magia que osas
multiplicar la cifra de las cosas
que somos y que abarcan nuestra suerte.
Cuando esté muerto, copiarás a otro
y luego a otro, a otro, a otro, a otro…

 BORGES, Jorge Luis (1975)."Al espejo", en su La rosa profunda. Buenos Aires: Emecé. 
37
más allá de cualquier zona prohibida
hay un espejo para nuestra triste transparencia
PIZARNIK, Alejandra, Árbol de Diana, Buenos Aires, 196211

Actividades
4.       La imagen, el reflejo

Realizar una presentación en PowerPoint de alrededor de cinco minutos, para explicar a sus compañeros las conclusiones a las que llegaron, teniendo en cuenta las siguientes consignas:

  1. ¿Cómo evoluciona Dorian frente al espejo? Resuman brevemente el argumento. (En las diapositivas: secuencia narrativa, mientras alguno/a relata la historia)
  2. ¿Qué idea de “obra de arte” predomina en el fragmento de Wilde? ¿Cómo se relacionan la ética y la estética? ¿Por qué el “otro que soy” debe ocultarse?
  3. ¿Cómo se manifiesta el mito de Narciso en cada uno de estos textos? Subrayen las líneas donde aparece y exprese las similitudes y diferencias.
  4. ¿Qué otros ejemplos recuerdan de historias en las que las imágenes o las repeticiones muestran al personaje como su otro? (mitos, leyendas, películas, literatura, etc.) Pueden interpelar al grupo antes de mostrar los textos por ustedes propuestos.
Equipo 5 
EL DOPPELGÄNGER: EL OTRO QUE ES YO
William Wilson
¡Pero la casa! ¡Qué extraño era aquel viejo edificio! Y para mí, ¡qué palacio encantado! Realmente sus recovecos eran infinitos, así como sus incomprensibles subdivisiones. En cualquier momento resultaba difícil afirmar con seguridad en cuál de sus dos pisos nos hallábamos.
Entre un cuarto y otro siempre había tres o cuatro escalones que subían o bajaban. Además, las alas laterales eran innumerables -inconcebibles- y volvían de tal modo sobre sí mismas que nuestras ideas más exactas con respecto a la casa en sí, no diferían demasiado de las que teníamos sobre el infinito. Durante los cinco años de mi residencia, nunca pude cerciorarme con precisión de en qué remoto lugar estaban situados los pequeños dormitorios que nos habían asignado a mí y a otros dieciocho o veinte alumnos.
(…)
Una noche, hacia el final de mi quinto año en la escuela e inmediatamente después del altercado que acabo de mencionar, cuando todos dormían, me levanté, y lámpara en mano me interné por interminables pasillos angostos rumbo al dormitorio de mi rival. (…) Jadeando, aproximé aún más la lámpara a su cara. ¿Eran esos... ésos, los rasgos de William Wilson? Veía sin duda que eran los suyos, pero me estremecía como presa de un ataque de fiebre al imaginar que no lo eran. ¿Qué había en ellos para confundirme de tal manera? Lo miré fijo mientras mi cerebro era presa de un torbellino de pensamientos incoherentes. No era esa su apariencia -seguramente no era ésa- cuando estaba despierto. ¡El mismo nombre! ¡La misma figura! ¡El mismo día de llegada a la academia! ¡Y después su obstinada e insensata imitación de mi manera de caminar, mi voz, mis costumbres y actitudes! ¿Estaría en verdad, dentro de los límites de las posibilidades humanas que lo que ahora veía fuese meramente el resultado de su constante y sarcástica imitación? Despavorido y cada vez más tembloroso apagué la lámpara, salí en silencio del cuarto y abandoné en el acto los salones de esa vieja academia a la que no regresaría jamás.
(…) Pero permitan que me apresure a llegar a la última escena del drama.
Hasta allí yo había sucumbido con indolencia a su imperioso dominio. El sentimiento de profundo temor con que habitualmente contemplaba el elevado carácter, la majestuosa sabiduría y la aparente ubicuidad y omnipotencia de Wilson, sumados al terror que ciertos rasgos de su naturaleza, y las conjeturas que me inspiraban, habían llevado a grabar en mí la idea de mi absoluta debilidad y desamparo, y a sugerirme una implícita aunque amarga y renuente sumisión a su arbitraria voluntad. Pero últimamente me había entregado por completo a la bebida, y la terrible influencia que ésta ejercía sobre mi temperamento hereditario me llevó a impacientarme cada vez más ante esa vigilancia. Empecé a murmurar, a vacilar, a resistir. ¿Y fue sólo mi imaginación la que me indujo a creer que con el aumento de mi propia firmeza, la de mi torturador sufriría una proporcional disminución? Sea como fuere, empecé a sentirme inspirado por una ardiente esperanza, que con el tiempo fomentó en mis más secretos pensamientos la firme y desesperada resolución de no seguir tolerando esa esclavitud.
Fue en Roma, durante el carnaval de 18..., que asistí a un baile de máscaras en el palazzo del duque napolitano Di Broglio. Me dejé arrastrar con más libertad que de costumbre por el exceso de bebida, y luego la atmósfera sofocante de los salones atestados me irritó hasta un punto intolerable. Además, la dificultad de abrirme paso entre la aglomeración de invitados contribuyó en gran medida a aumentar mi malhumor; porque buscaba ansioso (permítanme no decir con qué indigno motivo) a la joven, alegre y hermosa esposa del anciano y tambaleante Di Broglio. Con inescrupulosa confianza ella me había confiado el secreto del disfraz que luciría esa noche, y habiéndola vislumbrado a la distancia me apresuraba a reunirme con ella. En ese momento sentí que una mano liviana se apoyaba sobre mi hombro y volví a escuchar ese inolvidable, bajo y maldito susurro junto a mi oído.
En un absoluto frenesí de furia me volví de inmediato contra aquél que así me interrumpía y lo aferré por el cuello con violencia. Tal como yo suponía, vestía un disfraz similar al mío: capa española de terciopelo azul y cinturón rojo del que pendía una espada. Una máscara de seda negra le cubría por completo la cara.
(…)
El duelo fue breve. Frenético y presa de feroz excitación, yo sentía en mi brazo la energía y el poder de una multitud. En pocos segundos lo acorralé contra la pared, y allí, teniéndolo en mi poder, le hundí repetidas veces la espada en el pecho con brutal ferocidad.
En aquel instante, alguien movió el pestillo de la puerta. Evité presuroso una intrusión y de inmediato regresé al lado de mi moribundo rival. ¿Pero qué lenguaje humano puede transmitir adecuadamente esa sorpresa, ese horror que me poseyó frente al espectáculo que tenía ante mi vista? El breve instante en que aparté la mirada pareció ser suficiente para producir un cambio material en el arreglo de aquel extremo lejano de la habitación. Un gran espejo -en mi confusión, al menos, eso me pareció al principio-, se alzaba donde antes no había nada. Y cuando avancé hacia él, en el colmo del espanto, cubierta de sangre y pálida la cara, mi propia imagen vino tambaleándose hacia mí.
Eso me pareció, digo, pero me equivocaba. Era mi antagonista, era Wilson quien se erguía ante mí, agonizante. Su máscara y su capa yacían en el suelo, donde las había arrojado. Cada hebra de su ropa, cada línea de los marcados y singulares rasgos de su cara ¡eran idénticos a los míos!
Era Wilson. Pero ya no se expresaba en susurros y hubiera podido imaginar que era yo mismo el que hablaba cuando dijo:
-Has vencido y me entrego. Pero a partir de ahora tú también estás muerto... muerto para el mundo, para el cielo y para la esperanza. ¡En mí existías... y observa esta imagen, que es la tuya, porque al matarme te has asesinado tú mismo!”
POE, Edgard Allan, “William Wilson”, Cuentos completos, Alianza, Madrid, 1977


11
“ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada”
PIZARNIK, Alejandra, Árbol de Diana, Buenos Aires, 1962
  

5. El otro que es yo

Realizar una presentación en PowerPoint de alrededor de cinco minutos, para explicar a sus compañeros las conclusiones a las que llegaron, teniendo en cuenta las siguientes consignas:

  1. Cuente brevemente de qué trata cada texto. (En las diapositivas: secuencia narrativa, mientras alguno/a relata la historia. En el caso del poema, pueden presentarla escrita e interpelar al grupo sobre el sentido de esos pocos versos, antes de proponer el sentido que les dieron ustedes.)
  2. ¿Cómo se describe el espacio en el que se manifiesta la aparición del doble? ¿Qué otras formas de reproducción o de ocultamiento del ser aparecen en el relato?
  3. ¿Qué características muestra el protagonista que pueden hacernos dudar de su credibilidad?
  4. ¿Qué provoca en William Wilson la presencia de su doble? ¿Qué es, según el narrador, lo que más le molesta de su compañero tocayo?
  5. ¿Qué otras manifestaciones artísticas conocen que trabajen con el tema del doppelgänger o de los gemelos idénticos? (cine, literatura, series, etc.) Pueden interpelar a sus compañeros antes de dar a conocer los textos que ustedes conocen.


miércoles, 21 de marzo de 2018

Conceptos teóricos y tipologías del doble

El martes pasado vimos una serie de fragmentos fílmicos en los que analizamos las diferentes formas que asume el antiguo tópico del "doble" en el cine. Vimos fragmentos de Irene, yo y mi otro yo (Hnos Farrelly, 2000), Peter Pan (Disney, 1953), Frankenstein (Whale, 1931), Orfeo (Cocteau, 1949)), Sexto sentido (Shyamalan, 1999), Mujer soltera busca (Schroeder, 1992) , Drácula de Bram Stoker (Coppola, 1992), El retrato de Dorian Gray (Parker, 2009) y algunas otras más. Les dejo en esta entrada una sistematización de lo conversado en clase el martes pasado:
Conceptos teóricos:

Otredad: Es lo absolutamente otro, lo absolutamente desconocido que, por lo tanto, se teme. Los españoles para los nativos cuando aquellos llegaron a América; el desierto para Sarmiento y la generación del 80; los marcianos para los terrestres; el mundo de los muertos; etc. Este término se usa más en relación con mundos o comunidades.
Alteridad: Se refiere al otro individual y cercano. Se aplica al descubrimiento que el yo hace del otro y se opone al concepto de “mismidad”. El yo se constituye en su relación con la alteridad, con el otro. Esta relación es compleja y ha sido estudiada desde diferentes campos del saber: la filosofía, la psicología, la antropología, etc.
Ajenidad: Es el descubrimiento de lo otro en el sí mismo, es decir, del desconocimiento o no reconocimiento de sí. El momento en que el yo siente que lo que es le resulta ajeno. Puede aparecer en el hecho de vivir en una comunidad extranjera o diferente dentro de la cual me siento como otro o puede ser un proceso interior por alguna situación o experiencia particular.

 Tipologías en torno al tema del doble:
1. Desdoblamiento: Se produce cuando la dualidad se manifiesta en un solo ser, cuando dos personalidades o encarnaciones coexisten en un mismo individuo. El doblez puede tener relación con el bien y el mal, con la necesidad de completitud o con la mezcla hombre- animal (hombres lobos; vampirismo; etc) También en el universo de los superhéroes modernos suele darse esta tipología del doble: Batman, Súperman, Spiderman, etc.
2. Doppelgänger o de los gemelos idénticos: Son dos identidades diferentes, aunque iguales físicamente. Quienes rodean a estos individuos piensan que son uno solo lo que lleva a equívocos en las comedias o usurpación de la identidad en el drama. Un ejemplo de intento de usurpación de identidad se da en Mujer soltera busca de Stephen Tobolowsky (1992) cuyo fragmento fue visto en clase o en El hombre de la máscara de hierro de Randall Wallace (1998).
3.  Metamorfosis (o mito de Orlando): Un solo y mismo individuo (una sola y misma identidad) existe bajo dos formas en dos o más espacios o tiempos distintos. Es el caso de la novela (hay también una versión fílmica) de Virginia Woolf, Orlando, en la que un hombre se transforma en mujer y debe aprender a vivir como tal. También vimos en clase el caso de Gregor Samsa que se transforma en insecto.
4.  Mito de Anfitrión o Disfraz: Una identidad se presenta como otra a través del disfraz o la máscara. El nombre viene del mito en que Zeus se disfraza de Anfitrión, que combate en el frente de batalla, para acostarse con su esposa Alcmena. También puede manifestarse a través de la magia como en Cenicienta que no es reconocida por sus hermanastras en el baile del príncipe.
5.  Mirada estereoscópica: Una misma identidad se duplica a partir de dos o más miradas diferentes, es decir, la dualidad ya no es propia del objeto sino del que mira ese objeto. Es el caso de dos relatos que cuentan versiones opuestas de una misma historia o personalidad. En literatura se denomina focalización múltiple. En ocasiones, pueden ser más de dos versiones. Es el caso de muchos policiales en los que no sabemos quién era, en realidad, el muerto ya que cada testigo presenta su propia versión.


Las formas en las que puede manifestarse cualquiera de estas tipologías son: la sombra, el espejo, el retrato o la obra de arte, la fotografía, la pantalla, la máscara, el sueño, la alucinación, la ficción, etc.