“—Cuando yo uso una palabra —dijo (Humpty Dumpty) en un tono bastante desdeñoso— significa lo que yo decido que signifique, ni más ni menos.

—La cuestión es —dijo Alicia— si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes…

—La cuestión es —dijo Humpty Dumpty— saber quién es el amo, eso es todo.”

Lewis Carrol, Alicia a través del espejo.

lunes, 7 de agosto de 2017

La época victoriana. Stevenson y el cine.

La época victoriana
La historia, la filosofía, los adelantos técnicos, incluso la biografía de un autor son significativos en la literatura, cuando el mismo texto los convoca. Se lee del texto para afuera y no, al revés. La historia o la biografía de un autor no explica su literatura sino que su literatura muestra el contexto de su propia producción.

En El increíble caso del Dr Jekyll y Mr Hyde de Robert L. Stevenson (1850- 1894) la época victoriana aparece en las descripciones del espacio (dos ciudades, dos casas, dos personalidades conviviendo en una ciudad, una casa, un solo cuerpo) y en los conceptos filosóficos y psicológicos que aparecen especialmente en la confesión de Jekyll al final del texto.
La época victoriana abarca aproximadamente desde 1832 hasta finales del siglo XIX y se caracterizó por ser un período de esplendor económico, de gran expansión del imperio británico pero, al mismo tiempo, de gran represión y censura.
Los efectos de la Revolución Industrial ya mostraban una sociedad dividida donde la burguesía tenía cada vez más poder económico mientras que el proletariado vivía en condiciones de vida absolutamente precarias y mucha gente se había quedado sin trabajo al ser reemplazada por la máquina. Marx había escrito ya, junto con Engels, el Manifiesto comunista (1848) y Darwin había publicado en 1859 El origen de las especies, texto que echaba por tierra las explicaciones religiosas de la creación del ser humano. 
Por otra parte, el crecimiento de las grandes ciudades permite la posibilidad de que el delito se vuelva más anónimo y es por eso que en este período surgen también los primeros policiales. En 1888 aparece el primer asesino serial de la historia, el famoso Jack, el destripador.
En Literatura, el Romanticismo va dejando paso al Realismo y al Naturalismo, movimientos que, a partir de los avances científicos y tecnológicos reaccionan contra la fantasía exacerbada y la exaltación emocional del yo; la ciencia aparece, entonces, como el medio a través del cual es posible alcanzar el conocimiento y la verdad.
Stevenson, como todos los grandes autores, es difícil de encasillar en un movimiento. Por un lado, su preocupación está puesta en el “yo” pero su acercamiento a la personalidad del ser humano no se manifiesta como pura exaltación emocional sino como explicación filosófica y científica. Del Romanticismo, tomará el estilo gótico que se caracteriza por la representación de paisajes oscuros y tenebrosos como lugar privilegiado donde se oculta lo otro, lo desconocido, el mundo del crimen y de lo que no se puede explicar.

El Dr. Jekyll y Edward Hyde transformados (fragm.)
Jorge Luis Borges
Hollywood, por tercera vez, ha difamado a Robert Louis Stevenson. Esta difamación se titula El hombre y la bestia: la ha perpetrado Victor Fleming, que repite con aciaga fidelidad los errores estéticos y morales de la versión (de la perversión) de Mamoulian. Empiezo por los últimos, los morales. En la novela de 1886, el doctor Jekyll es moralmente dual, como lo son todos los hombres, en tanto que su hipóstasis —Edward Hyde— es malvada sin tregua y sin aleación; en el film de 1941, el doctor Jekyll es un joven patólogo que ejerce la castidad, en tanto que su hipóstasis —Hyde— es un calavera, con rasgos de sadista y de acróbata. El Bien, para los pensadores de Hollywood, es el noviazgo con la pudorosa y pudiente Miss Lana Turner, el Mal (…), la cohabitación ilegal con Fröken Ingrid Bergman o Miriam Hopkins.
(…)
La estructura del film es aun más rudimental que su teología. En el libro, la identidad de Jekyll y de Hyde es una sorpresa: el autor la reserva para el final del noveno capítulo. El relato alegórico finge ser un cuento policial; no hay lector que adivine que Hyde y Jekyll son la misma persona; el propio título nos hace postular que son dos. Nada tan fácil como trasladar al cinematógrafo ese procedimiento. Imaginemos cualquier problema policial; dos actores que el público reconoce figuran en la trama (George Raft y Spencer Tracy, digamos); pueden usar palabras análogas, pueden mencionar hechos que presuponen un pasado común; cuando el problema es indescifrable, uno de ellos absorbe la droga mágica y se cambia en el otro. (…). Más civilizado que yo, Victor Fleming elude todo asombro y todo misterio; en las escenas iniciales del film, Spencer Tracy apura sin miedo el versátil brebaje y se transforma en Spencer Tracy con distinta peluca y rasgos negroides.

En: Borges, Jorge Luis, Obras completas (1923- 1972), Buenos Aires, Emecé, 1974, pág. 285/ 286

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